Sin actividad en el futbol local, Pumas se prestó para participar del partido en homenaje al Estadio Azulgrana y se enfrentó mano a mano con Atlante en un partido amistoso en dicho escenario. Con aciertos y errores, el conjunto de Andrés Lillini tuvo que definir el partido desde el punto del penal y, pese al sufrimiento, consiguieron hacerse con la victoria y se llevaron un nuevo trofeo a casa.

Después de una semana de muchas noticias rodeando el cierre de la fase regular y viviendo la previa del repechaje ante Toluca, los futbolistas auriazules tuvieron la primera y única prueba de competenecia previo al partido definitorio. Con algo de presencia universitaria en las gradas, los del Pedregal comenzaron el partido de buena manera.

 

Con algo de superioridad, en los primeros 45 minutos Washington Corozo fue el autor del único gol de Pumas. El ecuatoriano quedó de cara a la portería de Atlante luego de un gran pase y, con un zurdazo potente, colocó el balón en el ángulo derecho de la portería que defendía Humberto Hernández, que no pudo hacer otra cosa que ver como la pelota inflaba la red. Sin embargo, y aunque los universitarios tuvieron unas cuantas chances, cerraron la primera mitad con un 1-0.

En la segunda parte, Rogerio volvió a adelantar a Pumas luego de dejar en el camino a Hernández y definir ante una portería indefensa. Pero los locales no se quedaron de brazos cruzados y, aprovechando la fragilidad por los costados de Pumas castigaron con dos centros que terminaron en gol y empataron el partido. Con la igualdad en los 90 minutos, el partido pasó a definirse desde el punto del penal.

Con 11 ejecuciones, fallos y atajadas de ambos lados, Favio Álvarez convirtió el penal de la victoria y, con un 6-5 en el marcador, Pumas se llevó el trofeo del 75 aniversario de un estadio que, hasta hace unos años, funcionaba como casa de Cruz Azul y que ahora volverá a tener a Atlante como principal protagonista.